II. Microcentro
Me acuerdo de mi primera semana trabajando en microcentro, tenía 21 años, toda una adulta pero cuando pienso en esa persona era todavía bastante inocente, demasiado. Estaba fascinada con esa zona de la ciudad, más bien esa faceta de Buenos Aires.
Mi primer día en ese trabajo fue el 13 de Enero del 2013, lo sé porque tengo una memoria tipo Rainman para fechas, enseguida me hice amiga de M. ella tenía 70 años y trabajaba en esa sociedad de bolsa también desde los 21, entró como una joven impresionable y enseguida se enamoró de uno de los capos del lugar con quien tuvieron una linda relación extramatrimonial durante cuarenta años, el tipo después se fue con su esposa pero le dejó un departamento. M. sentía lo mismo que yo por microcentro pero lo había visto en su esplendor. Ella me contaba de las épocas doradas, los affairs, las salidas, las drogas (aunque no le gustaba), cómo solía ser el movimiento de la calle Lavalle, como la mitad de mis jefes habían estado presos por estafas con AFJP y a mí me encantaba escucharla. Me explicaba las tareas que yo tenía que hacer con todo el amor del mundo y me daba recomendaciones que sabía que me iban a gustar.
M: para ir al Citybank tenés un atajo por la galería Güemes, ¿La conocés?
Yo: no
M: ay te va a encantar a vos Luci
Apenas entrás a la Galería Güemes te sentís como parte de la versión argentina de Mad Men, en ese momento estaba hermosamente restaurada, había locales de chocolates, cigarrerías, un teatro de tango, una perfumería, un local de trajes, en el primer piso se anunciaba un café de GRANIX (sí, en el apogeo de las Frutigran hubo un café Granix) y lo más sorprendente es que los hermosos ascensores jaula llevan a DEPARTAMENTOS. Sí, hay gente que vivió en el edificio, de hecho Saint Exupery se instaló ahí un tiempo en 1930, aunque no le gustaba, además tenía de mascota a una foca que vivía en su bañera en un dos ambientes lo cual me parece basadísimo.
Un día de aburrimiento me compré y leí Todos los Fuegos el Fuego porque uno de los personajes de un cuento vivía ahí, pero no soy muy de Cortázar así que me aburrió.
Estos días tuve que hacer una seguidilla de estudios clínicos, ahora que me mudé el lugar que mejor me queda está justamente en microcentro, cuando salí de la clínica encaré para la estación Pellegrini y me pasó por la cabeza ir a la estación Alem (she’s so crazzzyy) y ver la cuadra donde trabajé seis años. Trabajé en dos lugares ambos en la misma manzana, en esos años usaba cualquier excusa para salir, hacía cosas de cadetería aunque no era mi rol, me ofrecía siempre para caminar por el “barrio”. Caminaba y hacía justamente eso, pasear y pensar (Acá pensando un pensamiento).
En ese momento hacía Vines (R.I.P. Vine) que creo que mostraban lo que me pasaba con ese lugar, la app no tenía más edición que cuando apretabas grababa y cuando soltabas no grababa, ni podías ponerle música a menos que la captara por micrófono.
Hice un lindo video de diferentes tomas de lo que veía en mi día en microcentro musicalizado con la intro de I.F.H.Y. de Tyler, me acuerdo que me sentía muy contenta con ese video de 8 segundos porque cumplía su cometido, capturar de alguna manera una emoción. Mi Vine se perdió por siempre en el éter de la interweb, ya no existe más.
Lorde en un podcast circa 2017: “Escribir sobre algo que se siente hermoso puede ser muy solitario e imposible. Cuando escribo quiero que la gente sienta que puede ver adentro de mi cerebro”.
Lo que más quiero es que la gente me vea, no cualquier persona y no que me vean físicamente o que me presten atención, si no que me entiendan, que puedan ver adentro de mi cabeza, la frase “to feel seen” en inglés lo resume bastante bien. No se si hay algo más lindo que cuando hablás con alguien que, y perdonen lo cursi, te puede ver el alma.
Lit foto de mi 🧠
En mis años de microcentro ese lugar era algo mío que no compartía con nadie más, un día esperando mi turno en el Supervielle de Reconquista un chico extremadamente hegemónico con el que habíamos hecho contacto visual ese mismo día se dio vuelta y se presentó.
J: Hola me llamo J. y soy cadete ¿Vos?
Yo: Hola soy Lucía, no sé que soy
Empezamos a chonguear, hicimos recorridos juntos y me mostró el mejor lugar para fumar porro que era un convento escondido EN EL MEDIO DE MICROCENTRO, o sea yo pasaba todos los días pero nunca lo vi. No duró mucho esto, por varias razones, una y no la más importante era que no era un interlocutor válido.
Con S. circa 2018 hablando de otra persona
S: contame de la cita
Yo: la pasamos lindo
S: contame algo más, ¿es un interlocutor válido?
Yo: ¿Qué es eso?
S:¿Pueden mantener conversaciones? ¿Te gusta hablar con él?
Yo: sí, sí, nos reímos.
S: ¿Se ríen porque la pasan bien o porque vos decís cosas graciosas?
Yo:
Tengo la suerte de ser amiga de N. desde que tenemos 3 años, su familia nos llevaba a mí y a mi otra amiga a ver obras de teatro. Siempre que pasábamos por el edificio del Molino se veía que estaba deteriorado y había ropa colgada de gente que vivía en los pisos altos. N. siempre dijo que quería ir. Un buen día del año pasado mi nueva suerte de mini microinfluencer tuvo efecto y me contestaron un tuit donde preguntaba si ya había visitas guiadas a “El Molino”, me dieron un pase de prensa y claramente pregunté si podía ir con alguien y le avisé a N. que se escapó antes de su nuevo trabajo para poder llegar a horario.
Lo mejor del tour fue compartirlo con N. nos sentíamos exclusivas porque a quién carajos más le puede intrigar tanto ese edificio como a nosotras (a varias personas pero es más divertido cuando sentís eso). La encargada de hacer el tour nos mostró todo, el trabajo arqueológico, la renovación, la parte de los departamentos, subimos a la marquesina, hicimos chistes, vimos el salón de fiestas donde grabó un video Madonna.
En un momento de la recorrida pasamos rápido por un sector con muchos espejos que estaba hecho bolsa, se sentía el peso de la oscuridad de la noche porteña, nuestra guía no paró.
Yo: ¿Disculpame este lugar qué era?
Guía: la dueña del edificio hizo de esto su discoteca personal, había fiestas todo el tiempo, venían famosos.
Yo: ¿Te molesta si nos quedamos un ratito acá?
N. se río porque sabe que me encantan esas cosas, me gusta ver cierto tipo de oscuridad desde afuera y no hay nada más oscuro y fascinante que la noche porteña de los ‘80. Nos sacamos unas fotos en el baño después de hacer unas inspección del lugar.
Estábamos en camino a la cúpula así que me tomé solo unos segundos, miré la vista desde esa pseudo disco destruida con una vista hermosa de Buenos Aires y pensé en las almas que habrán visto el amanecer desde ese lugar después de una gira interminable y sentí, como siempre, nostalgia de una vida no vivida, me acordé de una frase de Bioy Casares en mi cuento favorito En Memoria de Paulina:
“Entonces tuve una revelación vergonzosa. No me conmovían secretos monumentos de nuestro amor, repentinamente manifestados en lo más íntimo de la memoria; me conmovía la enfática luz que entraba por la ventana, la luz de Buenos Aires. A eso de las cuatro fui hasta la esquina y compré un kilo de café.”






Me encanta conocer tu cerebro lu, gracias.
Muchas gracias Mu Liranda por esto, de verdad me hace bien saber que varixs vivimos con esa sensación constante de nostalgia de momentos y épocas que no transitamos </3
No sé si viste los diarios de Andy Warhol en Netflix, pero llegada la parte de las noches de festichola loca en NY, el auge de Studio 54, los famosos que se juntaban ahí y las cosas que hacían aaaaa me genera la misma sensación que vos contaste acá. Tkm amiga unidireccional (wena esa refe del anterior) 💋